Cómo conectar con el jugador

19Oct

Las relaciones interpersonales son clave en la correcta gestión de un grupo de futbolistas. El factor de la diferencia de edad entre jugador y entrenador, que es lo más normal, agudiza la dificultad de comunicación entre las dos partes.   El entrenador está más acostumbrado a comunicarse mediante EXPLICACIONES de conceptos que son muy abstractos y no son de fácil comprensión para el jugador. Utilizando situaciones reales de partido o ejemplos gráficos con un lenguaje llano y directo, superaríamos esa barrera y mejoraríamos el desarrollo de nuestro plan de juego el día del partido.              

Os presentamos una serie de puntos que deben fijar nuestra hoja de ruta y no debemos obviar cuando nos planteamos conectar con los jugadores:  

1. Adaptarse al contexto: Las «enseñanzas» del entrenador no pueden ser iguales con cada grupo ni en diferentes clubes. El buen entrenador es aquel que sabe modificar y cambiar sus explicaciones en función de los intereses de los jugadores, de las características del club, de la plantilla que tiene y del contexto que le rodea… No debe existir un plan de juego inamovible. No debemos ser insensibles a estos aspectos ya que son los que marcan la diferencia. Por eso existen entrenadores que son brillantes en algunos equipos y en el momento en el que fichan por un nuevo club y esa «magia» se destruye, fracasan estrepitosamente. Los maestros tenemos muy en cuenta ese factor porque os garantizo que no se puede enseñar igual en un colegio con alumnado de clase social alta que en otro con alumnado más desfavorecido.  

2. Preocuparse por sus problemas: Desde nuestro rol de entrenador, no debemos mostrarnos insensibles ante lo que rodea al fútbol: padres, prensa, ambiente, situación personal de los jugadores… Nos perjudica muchísimo dar la imagen de profesional que viene a hacer su trabajo y luego se va. Hay que tener empatía con los recursos humanos que manejamos, hablar mucho con los jugadores, ayudar con nuestros consejos, agradecer y valorar las opiniones que nos den… Ayuda mucho adoptar una relación de cercanía con los jugadores, utilizando mucho el leguaje gestual. En definitiva, los jugadores deben saber que vamos a estar ahí, que nos vamos a implicar y hacer lo posible para minimizar sus preocupaciones.  

3. Mantener nuestras buenas relaciones: Es muy importante conservar las amistades que tenemos con los jugadores, incluso cuando hemos dejado de ser sus entrenadores. Es el mayor indicador de que no estamos «de paso» en los clubes. Establecer una conexión hace que ésta dure toda la vida. La reciprocidad de esa relación hace que esos jugadores hablen bien de nosotros y de nuestro método y que si nosotros necesitamos algún jugador si estamos entrenando en otro club, los futbolistas no duden a la hora de incorporarse a nuestro equipo.  

4. Saber escuchar, no solo dirigir: Los jugadores nunca pueden pensar que sus opiniones le son indiferentes al entrenador. Un buen entrenador debe ser comunicador excelente pero no solo eso. Debemos preguntar a los jugadores por situaciones de partido, que opinión tienen sobre el plan de juego. Si son ellos los que se dirigen a nosotros debemos ser asertivos y respetar siempre su opinión. Es imprescindible utilizar momentos de los entrenamientos para hablar individualmente con los jugadores y preguntarles como están o como se sienten.  

5. Evitar las injusticias: Mantener la cabeza fría y ser coherente con tu discurso es quizás el punto más importante para evitar que el vestuario se descontrole y pierda la confianza en ti. No podemos solucionar el mismo conflicto de maneras diferentes a lo largo de una misma temporada. Debemos reflexionar sobre el código de conducta a aplicar y mantener nuestro criterio sin diferenciar si el jugador es titular o suplente. Dudar de su profesionalidad debe ser una línea roja. Si los jugadores ven que juega más el que se queja, el que habla más con el entrenador o no se sanciona igual a jugadores que son «estrellas» del equipo, perderemos la condición de ser imparciales y objetivos. Nuestros días en el club estarán contados en cuanto los resultados vayan mal.  

6. Saber aprender de los jugadores también: Cada relación «entrenador-futbolistas» es un aprendizaje para ambas partes, nuestra experiencia entrenando hace que nos sea más fácil adaptarnos a ello. No es bueno ver las cosas desde un «pedestal», hay que ponerse al nivel de los jugadores que son los que se dejan la piel en el campo día a día. El diálogo es bueno. No nos debe importar escuchar las ideas que tienen sobre determinados aspectos del plan de juego. Se les debe reconocer y agradecer cuando hayan tenido una idea brillante y tenemos que rebatir con argumentos sólidos cuando consideremos que su propuesta no es la más acertada. Eso sí, siempre con respeto y sin menosprecio hacia la otra parte implicada.  

7. Flexibilizar las normas: No debe ser la tónica general, pero debemos escuchar al jugador antes de sancionarle o reprenderle una actitud por muy culpable que parezca. A veces, puede haber algún condicionante externo que justifique su falta de puntualidad, de respeto o de compromiso con el equipo. Hemos de tener mucha paciencia, los gritos y aspavientos no contribuyen a hacer reaccionar al jugador. En caso de flexibilizar las normas con alguien, debemos explicarlo el motivo al resto de la plantilla para no suscitar habladurías sobre supuestos tratos de favor a determinados jugadores.  

8. Subir su autoestima: Como entrenadores, nuestra confianza en el plantel debe ser ilimitada. Cuidar la «salud emocional» de nuestros jugadores es una prioridad.  Todo lo que decimos o hacemos tiene una consecuencia sobre la autoestima de los jugadores. Es clave evitar juicios de valor y críticas constantes. Si consideramos que el equipo lo hace todo mal, hay que seleccionar una serie de puntos para poner énfasis y no olvidarnos de decir cosas buenas también. Usar expresiones positivas como «confío en vosotros», «sé que lo vais a lograr» o «podéis hacerlo» ayudan más que las críticas feroces y destructivas.  

9. Compartir alguna afición o actividad: Siempre ayuda mantener conversaciones informales con los jugadores sobre aspectos de nuestras vidas personales. Los jugadores también deben conocer los gustos y aficiones del entrenador. El factor de compartir determinados ídolos musicales o deportivos, asistir a eventos, afición por alguna serie televisiva o practicar alguna actividad como ciclismo o running en nuestro tiempo libre, ayuda a hacer grupo. Y no debemos olvidar que el entrenador también debe ser parte de ese grupo aunque no deba ponerse al mismo nivel que los jugadores siempre.              

Si cuidamos cada uno de estos aspectos, tendremos muchas más opciones de realizar una buena temporada como entrenador en un club. Ser siempre justo y objetivo es una tarea de extrema dificultad, por eso muchos entrenadores optan por entrenar en ciclos cortos a cada equipo. Con perseverancia y constancia, seguro que conseguís vuestro propósito de formar jugadores y haceros un nombre en el mundo del fútbol como referente de honestidad y adaptabilidad en cada club al que entrenéis.

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